En el intercambio de miradas,
entre dos cuerpos que se buscan en la oscuridad como imanes,
comienza a desatarse el nudo del augurio
de aquello que suspira con urgencia de desenlazarse.
Nos rodea una estela de viento caluroso de verano,
una canción que parece distante.
Una danza comienza a recorrer nuestros cuerpos,
al ritmo de los latidos que emite tu pecho.
Rozando nuestras manos,
acariciando suavemente las yemas de mis dedos,
se estremece mi piel.
Unos labios que tiemblan,
presagiando la urgencia de estallar en versos.
El preámbulo del beso
nos sumerge en ese nostálgico silencio
donde abundan murmullos de deseo,
un silencio de dos pasiones
que se han reprimido y compartido por un tiempo.
Su mano acaricia mi mejilla,
tiemblan mis piernas.
En esos segundos que parecen eternos,
descubro que de tus labios brotan versos,
melodías que recorren mi cuerpo.
Al rozar tu boca, se detiene el tiempo,
se rinde, sucumbe a nuestra urgencia de arder.
¿Alguna vez has besado a un poeta?

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