Por: Miroslava H.
Llevo 7 años compartiendo mi vida en este espacio al que bauticé “Mente en Letras”. Este ha sido mi refugio, el lugar donde me muestro vulnerable y guardo mis experiencias, mi sentir. Desde hablar con inconmensurables metáforas hasta compartir directamente sin tantos rodeos cuando me han roto el corazón.
Este lugar y este espacio donde me lees me ha visto crecer. Siempre honesta, siempre vulnerable. En estos años que han transcurrido, he sido múltiples versiones; he crecido, he aprendido, me he equivocado, he experimentado; simplemente he vivido. He sido tantas versiones diferentes de mí que algunas me cuesta recordar, algunas me han enseñado tanto, con otras he aprendido a ser compasiva y otras me hacen reír. De todas llevo algo, todas ellas han tocado y pisado este lugar y espacio. Las has podido leer y conocer en mis escritos pasados, y creo que todas lo que tienen (tenemos) en común es que constantemente están (estamos) en búsqueda de algo, buscando respuestas, buscando sentido y propósito, buscándonos.
Últimamente he estado aislada tanto de este espacio como del exterior. Han sido días y meses complejos, llenos de emociones, algunos al borde del desequilibrio mental y otros donde me he rendido. He sentido el cansancio de la vida adulta, el estrés de vivir en un mundo como en el que vivimos, la confusión de tener 26 años y el constante signo de interrogación que se adhiere a mi frente cuando simplemente no sé a dónde ir. Me he sentido incómoda dentro de mi propia mente, así como del exterior. Dicen que esto es crecer. Que esto se siente cuando es tiempo de un cambio.
Esta etapa de mi vida me ha recordado por qué comencé a escribir cuando tenía 11 años. Recuerdo cuando tomé un lápiz y un cuaderno de la escuela, y sentí cómo el grafito del lápiz, mi mente y corazón se entrelazaron y estallaron en letras. Fue un momento donde sentía que las emociones dentro de mí eran inmensas, fuertes y desgarradoras, profundas y confusas, que si no salían de mí me harían desaparecer. Entonces escribí, escribí para no evaporarme, para que las emociones llevaran nombre. Fue cuando inconscientemente comencé a traducir lo que experimentaba en palabras y desde entonces no he cesado.
Revisitar mis versiones pasadas me ha hecho comprender que todas hemos llegado a múltiples conclusiones, pero la que tenemos en común es el amor. El amor por vivir, por experimentar, por aprender, por convivir, conocer y por transformar lo vivido en un escrito que se quede guardado aquí en este espacio. Todas mis versiones y yo regresamos siempre aquí a compartir lo aprendido y lo experimentado. Y de todas ellas he aprendido que la vida es esto, un constante crecimiento. Esto es crecer.
Es dejarse llevar por la ola salvaje que llega a revolcarme, cuando el mundo camina y yo quiero correr. Cuando la incertidumbre invade mi mente, cuerpo y corazón. Soltarse, dejarse llevar sin resistencia. Son espacios en la vida donde hay que nutrirse, donde se adquiere lo necesario para esa siguiente ola que pronto volverá a arrastrarme a lo más profundo. Es incómodo, es doloroso y sumamente confuso, pero uno renace y arde para luego volar.
Tal vez esta es la condena del poeta, o mi condena. Quien se entrega completamente a la vida y al amor para saborearlos hasta la entraña para luego escribir, escribir hasta morirse, hasta evaporarse con la vida entre tinta y papel. Esta vez he aprendido a confiar en la precisión del tiempo, y a confiar plenamente en mí, porque en cada ocasión donde he comenzado a tambalear, pude entender que mi mente, cuerpo y alma están simplemente están pensando en el siguiente salto.
¿A dónde iremos de aquí? Aun no lo descifro, pero sé que estarás aquí para contártelo.
“Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo. Mi alimento es todas las cosas. El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo. Debo justificar lo que me hiere. No importa mi ventura o mi desventura. Soy el poeta.” Jorge Luis Borges
Con mucho amor,
La poetisa viajera
Felices 7 años Mente en Letras

Entre más creces más interiorizas. Tu espíritu, alma y cuerpo están más visibles y transparente. Van a ser el tema de tu vida.
Podrás comprender mejor a la humanidad y verte reflejada en muchos aspectos.
Me gustaLe gusta a 1 persona