Escritos de un domingo con café frío: El eterno explorador

Cuando el alma deja de pedir fuego y pide una revolución, una explosión radiactiva, algo desconocido para saborear, aparece él: el eterno explorador.

Dentro del silencio y el color del crepúsculo, coincidimos en un mismo espacio y tiempo. Con capas de emociones coleccionadas, lágrimas acumuladas, el corazón en mano y un libro con historias sin terminar.

Se sintió como un día de otoño en el verano y su presencia provocaba que el día supiera a eternidad. Él tenía sabor a alma bohemia y libertad.

Llevaba una inmensa profundidad en sus ojos, innumerables teorías y filosofías se colaban por entre sus venas, yo quería colarme dentro de ellas.

La sangre se me alteraba, los labios me temblaban, se estremecía mi cuerpo; busqué tinta y papel, tenía que plasmar su magia entera.

Me envolvió en una tormenta cósmica, me trasladó hacia un lugar desconocido.

Él llevaba paz, yo llevaba guerra.

Se transformó en viento y lentamente observé como disolvía como arena las barreras que tanto tardé en construir para cubrir y proteger mi alma. De pronto la necesidad constante de huir de las memorias enterradas dentro de mí desaparecieron, perdieron su pesadez.

Abrió mi corazón como un libro nuevo y la idea de ser hojeada, de ser leída en voz alta, dejó de aterrarme, dejó de avergonzarme, no existían reglas ni objeciones. Con sus palabras, con su presencia, mis cicatrices no eran más que unas marcas embellecidas, una piel que se cubre de colores, un corazón lleno de rosas con espinas blandas.

Navegaba con tanta libertad dentro de mi mente, como si supiera leerla y entrar sutilmente en ella, como si hubiera llevado siempre consigo la llave hacia mis más profundos cuestionamientos y sentimientos. Una complicidad sobreentendida, un pacto de otras vidas, un magnetismo inexplicable.

Ésa es la magia del eterno explorador y su encanto universal, él es el navegante y amante de los espacios no explorados.

Como el verso de Neruda, hizo conmigo lo que la primavera hace con los cerezos, nutriendo indeseables vacíos, es antídoto para la sequía del espíritu creativo, y mi corazón se comienza a desbordar de inspiración.

Una vez que el eterno explorador termina la sublime revolución, continua su travesía, dejando únicamente sombras y destellos de su luz en el camino de quién vislumbró su alma. Su recuerdo se queda enraizado en el pecho, surge el deseo vehemente de querer volver a volar sobre el mismo cielo.

Qué delicia son las coincidencias fortuitas, qué delicia es la vastedad del universo de otro ser. Un lugar desconocido, un alma caleidoscópica, ir descubriendo un nuevo amanecer.  Qué belleza es coincidir.

2 comentarios sobre “Escritos de un domingo con café frío: El eterno explorador

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