Para mi abuelo

October 21, 2016 | Miroslava Herrera

Mi abuelo era un hombre chapado a la antigua, nació el 8 de enero de 1935 en Cuatro Ciénegas, Coahuila, el último hijo de 13.

Era un papá admirable, único, sabio, recto. Me siento feliz de haber presenciado su gran labor como padre. Era un hombre muy trabajador y a pesar de que su trabajo era muy importante para él, siempre se daba el tiempo de pasar tiempo con su familia. Siempre dispuesto a dar todo por sus hijos, para que tuvieran una buena educación, ya que él lo veía como la mejor herencia que podía dejarles y la cual les iba ayudar a crecer y convertirse en las grandes personas que son ahora.

Yo lo consideraba el “pegamento” de la familia, siempre preocupándose por cada uno de nosotros, desde sus hijos aun siendo adultos hasta sus nietos. Siempre recodaré la frase con la que me despedía después de haber estado en su casa, “Mucho cuidado mijita”.

Nunca se acostumbró a los tiempos modernos ya que le parecía que la mayor parte del tiempo no concordaban con su forma de pensar, sobre todo porque él tenía una base muy sólida de valores y pensaba que en la actualidad no se les daba la importancia que para él era primordial. Tenía una ética intachable y era impecable en su trabajo como contador.

Sus hijos sabían que podían contar con él siempre, ya que no importaba la situación por la que estuvieran pasando o el error que hubieran cometido él iba a estar ahí cerca, dispuesto a ayudarlos como pudiera con algún consejo, alguna palabra de aliento, ellos sabían que iba a estar ahí porque así era su forma de ser. Nunca se rindió, siempre tuvo fé en cada uno de sus hijos y nosotros como nietos también lo sentíamos así.

Como en cada familia siempre existe un hijo que a veces no sigue el camino correcto, que se desvía, pero él, como el padre responsable que era, jamás tiró la toalla, nunca perdió la fé y por ese amor incondicional que demostraba, ese hijo logró reencontrar su camino. Tuvo la satisfacción de verlo crecer y convertirse en una mejor persona lista para triunfar. Todos podíamos ver el orgullo que sentía al ver que sus hijos habían crecido y que se habían convertido en grandes padres a su vez, que lo llenaron de nietos que lo aman y que el tanto consintió.

Era un hombre de pocas palabras, pero siempre decía lo correcto. Con su presencia nos hacía sentir cuantos nos quería. Cuando llegabas a su casa, sabias que ya te estaba esperando, y sentías lo mucho que te había extrañado, veías el gusto que sentía al vernos todos reunidos. Como siempre el punto de reunión era la cocina, él sentado en su lugar de la mesa el cual todos respetábamos, y en el que todos lo recordaremos. Le gustaba mucho que estuviéramos todos reunidos. Para él lo más importante era la familia. Notábamos la alegría que sentía al vernos todos juntos. Para él su casa llena de ruidos y gritos de todos nosotros lo llenaban de regocijo.

La gran enseñanza que él nos dejó, es que la familia siempre debe estar unida para poder sobrellevar cualquier adversidad.

Sé que sigues y guías mis pasos desde allí arriba. Abuelo, la huella que has dejado en mí y de la que tan orgullosa me siento, hace que siempre te note muy cerca, como una parte más de mi ser. Hoy estoy buscando la mejor manera de decirte adiós pero no la he encontrado, mas solo me queda agradecerte por ese amor incondicional, por ese abrazo protector levanto una oración al cielo.

Tu recuerdo llena mi alma de luz, gratitud y amor, por todo lo que me diste mientras estuviste a mi lado.

No puedo negarlo, te extrañaré demasiado sé que no estas lejos pero no puedo con esta distancia.

Me despido de ti con los ojos llenos de lágrimas por el dolor que en mi corazón causa tu partida, pero te recordaré con una sonrisa, la sonrisa de alegría cada vez que te veía, cada vez que tomabas tu café con un pedacito de pan dulce que tanto te gustaba ¡y que no debías de comer! Te recordaré en un estado de calma y paz que me inspiraba a ser tu acompañante.

Nosotros nos encargaremos de llenar tu ausencia con los recuerdos que nos has dejado, que seguramente compartiremos, cada que vez que reunamos y que estemos todos juntos como a ti tanto te gustaba.

Como fuiste una persona llena de luz y amor, un pedacito de esa luz se va al corazón de cada uno de nosotros, las personas que tanto te amamos, y permanecerá encendida por tu recuerdo.

Descanse en paz.

José Elías Mendoza García. 08-01-1935 / 15-10-2016

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