Cartas de una poetisa viajera: Las páginas blancas

Me encuentro con unas páginas blancas y una pluma que se ha quedado sin tinta.

Decidí emprender un nuevo viaje, de esos que el alma me suplica, de esos que emprendo cuando de las preguntas que se plantan en mi cabeza solo crecen eternos silencios.

En este viaje, ando en búsqueda de mis alas, que en el camino se me perdieron, y junto a ellas se llevó el viento, la pasión que me daba sustento, busco fuego en un desierto, busco la cura para esta interminable sequía.

Esta vez no quiero encontrar lo efímero si no lo perpetuo, quiero saciar mi sed, eso que me ayude a colorear de nuevo las paredes de mi cuerpo y dentro de mis manos hacer florecer lo que me entregue el Universo. Recordar el sabor de la inspiración.

Me muero de sed, estoy hambrienta, hay un vacío que no he podido calmar, la pasión abandonó mi espíritu y no sé si vaya a regresar o si la pueda volver a encontrar.  

Hay un desierto violentando mi alma.

¿A donde se ha ido mi voz?  ¿Dónde está la tinta sangrienta que alimentaba el incendio dentro de mi pecho, que inundaba lo más profundo y oculto de mi corazón?

Quiero resucitar, quiero recuperar mis alas, quiero volver, quiero irme a volar.

En ese desconocido y silencioso camino, me encontré al sabio río, dentro de su fuerte cauce puedo escucharlo decir entre murmullos: “Aún hay mucho fuego por nacer.”

Saboreo en mis labios los secretos del río, dejo que embriaguen mi espíritu.  Siento la humedad previa a una tempestad. Hay una lluvia que viene a empaparme el alma, que viene a calmar la sed de una poetisa viajera.

Y mientras gotas caen sobre mi piel, ahora lo entiendo todo, entiendo que el miedo se ha encargado de quemar mis alas, es esa serpiente que muerde y que envenena mis adentros, a su vez se convierte en estas cadenas que me impiden volar en los más hermosos cielos, y entiendo que el antídoto para ese veneno ha estado conmigo todo el tiempo: la tinta y el papel.

Entonces regreso y detrás de estas páginas blancas, esta tinta que se derrama y estas letras que resuenan como una tormenta desde de mi pecho, entiendo que este es mi lugar, que a las letras yo pertenezco, todo lo que soy, todo lo que siento, les pertenece a ellas, y no hay mejor lugar para encender un fuego, para saciar mi sed, para volar, que dentro de la pasión de escribir desde esta hermosa condena.

Sinceramente y con amor,

La poetisa viajera.

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