Del dolor que estoy hecha

Creo que ya somos muy cercanos, llevo varios años recopilando memorias y aprendizajes de este viaje llamado vida y te lo voy contando por aquí.  Aquí me has leído cuando me he creído más sabia de lo que realmente soy, cuando me he levantado de cientos de caídas, cumpliendo metas, enamorándome, desenamorándome. Te he ido narrando mi vida entre versos, rimas y metáforas. Te voy dejando con ese dolor transformado, con esa herida sanada, esa experiencia caótica convertida en un extracto dulce de digerir.  En resumen, este ha sido mi intento de transformar el caos y la adversidad en algo valioso. Y es así como me has ido conociendo un poco más, en distintas facetas, con distintas emociones y anécdotas.

La vida y sus procesos

Hace unas semanas me noté distinta, me vi en el espejo y el reflejo que capté era uno diferente. Se me habían iluminado los ojos, mi sonrisa era una nueva, genuina tal vez, ¿A quién estaba observando en ese reflejo?  No me había tomado el tiempo de contemplar, de observar cómo una nueva versión salía poco a poco desde lo más profundo de mi pecho. ¿A esto sabe sanar?  ¿Así se ve un corazón renovado y reparado?

Este proceso comenzó hace tiempo, hubo un momento hace un año donde me había desenamorado completamente de la vida, había dentro de mí un montón de asuntos sin resolver, emociones guardadas en cajones, memorias encerradas en cuartos bajo llave, la vida se me había hecho pesada, mi corazón se encontraba en una celda, y las letras ya no me bastaban. No había dentro de mi un lugar para existir sin dolor.

Me encontraba deseosa que viniera una lluvia y me limpiara el corazón, se llevara la pesadez de las emociones, de los recuerdos y heridas, pero nada es así de fácil.

Recuerdo que ese día  cuando  comenzó todo, me hice una promesa, me la tatué en el corazón, me bañé de voluntad y decidí enfrentarme a esos demonios ocultos, a ese dolor sin nombre y sin descripción.  

Comencé por abrir esos los libros de memorias sepultadas, abriendo mi corazón fragmentado, aceptando que el dolor ya no cabía en un espacio que suplicaba resucitar. Renovar mi templo para darle espacio al amor de entrar.

Dentro de mí existía y existe una necesidad de sanar, yo me había prometido que quería a llegar a existir con la ligereza con la que existen las nubes.  Quería verme volar de nuevo.

Poco a poco fui entiendo de qué se trataba esta transformación. Entendí que sanar es volver a lugar donde se sembraron miedos, donde hubo dolores innombrables, donde se habían roto sueños, arrancado alas, donde existen heridas sin cicatrizar.

Sanar es armarse de valor para profundizar, sanar es para valientes.

La sanación

Para transformarme, evolucionar y trascender, cambié mi mirada y vi al pasado por lo que era; un maestro, un consejero y recordatorio de lo que ya no me permitía crecer. Dejé de juzgarme y comencé a llenarme de compasión y comprensión.  Sólo de esta manera fue más asequible esa sanación que no conocía, que tanto quería y que no sabía si la conocería.

Si me preguntaras que se siente sanar, no diré que ha sido fácil, ni que mi camino ya ha finalizado, es un compromiso diario, es cumplir esa promesa que te has hecho y recordarte cada día que la paciencia se tiene que volver tu mejor aliada. A veces es un proceso solitario, a su vez uno un tanto pesado, pero también te diré que ahora siento la vida más ligera, la siento llena de posibilidades, de magia, de amor.  Y siéndote sincera, nunca me imaginé poder llegar hasta este punto. Hoy me encuentro saboreando el amor propio.

Hace poco recordé que tiempo atrás escribí un poema que salía de un corazón fracturado, carente de esperanza y confusión, sin darme cuenta escribí una frase con un toque de sabiduría sin imaginarme que volvería a mí años después: “No hay belleza más grande y gratificante que un alma evolucionando dentro del caos. Conocerás infiernos para crear paraísos.” Hoy puedo decir y compartir que a esto me dedico ahora, después de conocer uno que otro infierno, ahora me dedico a crear paraísos.

He estado creando paraísos dentro y fuera de mí desde que tomé la decisión de transformar las heridas y las experiencias en escritos que se quedarán en un espacio que invita a la persona que lo lee a sentirse acompañada, tal vez comprendida o simplemente experimentar y entender la vida desde otra perspectiva.  Aquí te cuento del dolor que estoy hecha, de la pasión que me desborda del corazón y del amor que le tengo a la vida y a sus seres. Decorando la vida con letras llenas de esperanza, fuerza y libertad, honrar estos momentos como se merecen.

Mi corazón se siente en un mejor lugar, todo este tiempo he estado tejiendo mis alas de nuevo. Hoy saboreo tanto la alegría y la felicidad como si fueran algo nuevo, como si un día se hubieran ido y han regresado a colarse por entre mis huesos para quedarse.  

Las ganas de comerse al mundo regresan, los arrepentimientos poco a poco se quedan en el olvido, los miedos se hacen pequeños y ese dolor que no llevaba nombre se ha convertido en un nuevo escrito, en otro pedacito de mí que te comparto por aquí.

De estos paraísos y de este dolor estoy hecha.

Con todo el amor,

Miroslava.

PD: “La divinidad del caos” es el poema al que hago referencia en este escrito. Una versión mía de hace unos años.

Te dejo la playlist inspirada en este escrito:

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