De armaduras y miedos

En algún lado leí que realmente escribir no sana, pero da claridad, y creo que tenía razón. Reconozco que me había alejado de las letras, de mi tinta y papel por miedo, ese endemoniado miedo que se me ha clavado como hiedra en el corazón, en el pecho, en la piel, porque no quería ver, no quería esclarecer y borrar ese signo de interrogación que se me había estancado en la mente.

Me he dado cuenta de que escondo tantos secretos dentro de mí, soy un laberinto inmenso, uno que ha crecido hasta perder el mapa para regresar el centro, para salir de tanto acertijo. Y ¿Por qué me he convertido en bóveda si al optar por la condena del poeta juré plasmar todo lo que llevo dentro y convertirlo en verso, prosa y alimento para el mundo entero?

He roto el juramento. Por un irracional y protector miedo.

¿Y a qué le tienes miedo, a la experiencia o al mismo miedo?

Creo que mi miedo ha sido mal catalogado. Los cercanos a mí lo describen como esa parte “cuadrada” “recta” dentro de mí, que lo respaldan con mi profesión: la ingeniería. Que se dice que es la contraparte, de ese otro lado mío que al que mi mamá le gusta llamarlo “hippie” “bohemio” “loco”. Lo llaman mi balance, mis dos mitades, sin embargo, esa cautela o rectitud con la que he caminado todos estos años no es más que un miedo que se ha apoderado de mí, eso que vino a plantarse en mi corazón después de un camino de sanación. Que me ha cuidado o así lo he pensado. Es esa armadura, capa, espada que se pone frente a mí, simplemente para protegerme de lo que un día sentí, eso que me tumbó hasta lo más profundo, un dolor agonizante, físico y mental. Protegerse para no volver a caerse, para no volver a sentir la parte oscura y dura de la vida.

Pero de qué me sirve vivir detrás de esta armadura, de qué me sirven las letras adornadas, las metáforas románticas, si esconden tantas verdades, tantas palabras que se han quedado en la punta de mi lengua, tanto que decir, pero huyen, las palabras, la tinta del papel, como pequeños indefensos animales, como si fueran presas de lo verdadero.

De qué me sirve estar en esta cueva, aquí mar adentro, donde mi piel no recibe ni el más mínimo rayo de luz que le de calor, que la queme, que le haga sentir algo. Me he cansado de vivir escondida detrás de este miedo, de vivir con la espada de frente protegiéndome de lo inevitable, de lo que se tiene que vivir.

Entre más huimos de la experiencia por miedo al dolor, más nos alejamos de nosotros mismos, de lo que somos de lo que queremos ser, de trascender.

Hoy quiero retomar mi juramento, quiero sacarme estas armaduras que solo hacen peso muerto, que no me dejan avanzar del todo.

Quiero vivirlo todo, quiero que mi piel lleve en ella raspones, cicatrices y moretones, que mi corazón lata, que arda por la pasión, sin miedo a romperse.  Que se reconstruyan los pedazos, que se recubra con parches, que se deje romper, total ya sabe como repararse.

Que mis dientes y lengua saquen todos esos versos prohibidos, esos versos inéditos que están deseosos por ser leídos y saboreados.

El miedo ha sido mi aliado, el miedo me ha mordido el cuello y ha inyectado su veneno, pero he encontrado el antídoto, el remedio para esta cobardía que llevo por nombre desde hace tiempo: Escribir.

Escribir desde la entraña, escribir desde donde mas me pesa y me sangra. Escribir eso que considero íntimo y no digno de ser compartido.

Que más da. Una vez que leas esto, deja de ser mío, se convierte en tuyo y nos vamos compartiendo las emociones en traducciones. En distintos idiomas emocionales y personales.

Quiero compartírtelo todo, eso que me da vueltas por la cabeza, esas preguntas que no me dejan dormir. Esas respuestas que tal vez en un viaje descubrí, ahora sin miedo, frescas, listas para que tu paladar las saboree y se apropien de ellas.

Mis palabras no son huérfanas, pero tampoco son de mi posesión. Llevamos tiempo huyendo de los nuevos dolores, de las experiencias, vivimos de contornos y de sumergirnos a medias en el mar.

Ya no me quiero salvar, ya no quiero vivir como una cobarde. Quiero retomar el juramento del poeta, esa condena con la que estoy dispuesta vivir hasta que se me acabe la voz, hasta que me tiemblen las manos, hasta ya perder el juicio y el razonamiento.

Volverle a dar sentido a mi voz y a mi pasión. 

Con amor,

–         Una poetisa con un juramento renovado.

 

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas

 

–         Charles Bukowski

Un comentario sobre “De armaduras y miedos

Agrega el tuyo

  1. Atreverse después de tanto tiempo detrás de muros… algo difícil, uno a veces ya no recuerda ni como se siente la luz en la cara de la que tanto nos escondimos… pero que es la vida si no te atreves a que se te mueva el corazón. Te acompaño en el camino de vuelta a la vida, aquí vamos poetiza viajera… buena suerte, espero encontrarnos del otro lado de esta muralla…del lado de los vivos.

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Web construida con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: